10/8/2014

HOMESCHOOLING: LA CUESTIÓN PERSONAL

Para concluir estas reflexiones sobre el homescholing iniciadas en las entradas anteriores, voy a escribir en estas líneas acerca de mi postura personal a día de hoy. Quiero con esto decir, que no es una postura firme, sino mediada por muchas circunstancias, propias y del sistema, que me hacen sospechar que en otras circunstancias o según vaya avanzando mi experiencia vital, las posiciones pueden variar.

La primera afirmación rotunda es que me gustan los colegios. Me encantan los colegios, las escuelas, los institutos. Los públicos, los privados, los concertados, los religiosos y los laicos. Me parece un lugar maravilloso de encuentro de amigos, de descubrimiento del mundo, de experiencias vitales, de aprendizaje, de estimulación de los talentos. Cuenta mi madre que con 4 años me llevó a la guardería para ver cómo era (para verlo ella) y mientras hablaba ella con la maestra, me quedé interactuando con los demás niños y cuando hubo que irse le pedí que me dejara venir más días. Así que mi pre-escolarización se hizo sin traumas, sin presiones laborales y de modo voluntario. Después ya la EGB, BUP y COU con los jesuitas de Bilbao, 12 años maravillosos. ¡Me encantan los colegios!.

Pero eso no significa que me gusten todos los colegios. Mi dedicación a la formación de profesorado me permite conocer cómo están funcionando muchos colegios y estoy espantado de las diferencias que puede haber entre unos y otros. Estoy viendo (en la educación concertada) cómo se selecciona y contrata a los profesores y cómo se les despide utilizando únicamente criterios económicos, no pedagógicos. Veo instalaciones totalmente obsoletas y métodos pedagógicos decimonónicos. Y eso me preocupa.

También veo centros, públicos y concertados que están trabajando de modo ejemplar. Colegios donde me gustaría que estudiaran mis hijos, colegios donde me gustaría trabajar a mi, colegios con los que estaría dispuesto a colaborar gratuitamente.

En resumen: ¿qué opino de los colegios? Pues que depende del colegio. De los que han tenido la oportunidad mis hijos de matricularse para el año que viene no me gusta ninguno. Al final hemos tenido suerte y han podido entrar en el que menos nos disgustaba. Pero eso no produce ninguna tranquilidad.



Segunda afirmación: Escolarizo a mis hijos en este momento por pura necesidad económica. Tienen 3 años y hasta ahora he tenido la suerte de poder dedicarme a tiempo completo a ellos. Mi esposa es la que tiene un trabajo fijo (es profesora en un colegio) y yo sólo de modo eventual voy dando cursos (cada vez menos, porque el tema de los cursos de formación en Andalucía ya sabéis quien se lo lleva) . Pero hemos llegado un punto en que no sobrevivimos de ese sueldo. Necesito encontrar un trabajo y eso supone que los niños tienen que “ir al cole”.

Si no fuera por esta necesidad, seguiría con ellos al menos hasta que tuvieran que entrar en primaria. Creo que me gustaría hacerlo hasta que tuvieran 10 años. Pero resulta que parece que las puertas de entrada al sistema educativo son muy pocas. O entras con 3 años, o con 6 o no entras. La presión social es fortísima. La gente en la calle te mira con cara de susto si le dices lo que piensas sobre este tema. “¡Estás loco, si no entran con 3 años, ya no hay plazas para 4 ni 5! Te plantas ya en primaria y tienen preferencia los que vengan de infantil”. Hay una paranoia tremenda con el tema de las plazas.

Así que me veo obligado a renunciar a mi deseo de enfatizar la educación en casa durante al menos este periodo pre-obligatorio. Entiendo que esto no sería propiamente homeschooling, ya que hasta los 6 años no es obligatoria la escolarización y debería ser más común que niños hasta los 6 años estuvieran en sus casas. Sin embargo en España la escolarización antes de los 6 años alcanza el 98,7%, mientras por ejemplo en Finlandia es del 40% según datos de la OCDE del 2013.

Tercera afirmación: No estoy ni a favor ni en contra del homeschooling como modelo educativo. Lo mismo que digo de los colegios, lo digo de la educación en casa. Que me gusta o disgusta dependiendo de la “casa” es decir, de los padres.  Los casos que conozco un poco  más de cerca, me parecen ejemplares. Padres preparados, gente nada radical en sus ideas sino personas que razonan y debaten serenamente aceptando muchos puntos de vista. Y los resultados que veo en sus hijos son mejores que los de muchos colegios.

Pero veo también (esto a más distancia) lo que está ocurriendo en USA con el homeschooling desde el fanatismo religioso y me asusta. Me preocupa que también aquí se de la educación en casa como reacción a lo religioso o a lo secular. Padres que para que sus hijos no reciban ninguna influencia religiosa o para que la reciban muy religiosa se embarquen en una tarea educativa que les supere. Pero aunque me preocupe, no lo hace más que los colegios que extreman también el punto religioso o el laico.

Como dije en el post anterior, llegado el momento, si esto se convierte en un problema, tiene fácil solución desde una regulación adecuada que se haga desde una instancia educativa apropiada.

Cuarta afirmación:  Lo que me gustaría es un modelo mixto. Que nada tuviera que ser blanco o negro. Que pudiera plantearme educar a mis hijos en casa mientras sea posible y que cuando no lo sea el sistema educativo acogiera sin traumas para nadie la continuidad de la formación. O al menos que las horas de clase no fueran tantas al día. Hay niños muy pequeños que pasan hasta 10 y 12 horas diarias en guarderías y colegios. Eso no es natural. Pero nadie pone el grito en el cielo porque no se puede cuestionar que alguien trabaje. Bastante suerte con no estar parado.  Pero es que tampoco creo que las jornadas laborales tengan que ser tan largas.


Ojalá caminemos hacia un modelo social que permita trabajar menos horas, ganar lo suficiente y poder dedicar  más tiempo a la educación de los hijos de modo que tampoco hagan falta tantas horas de clase. Sí, ya sé que suena muy utópico. Pero la sociedad somos nosotros, así que decidimos la dirección en la que caminar. Y si los “locos” que están optando por el homeschooling están consiguiendo con su locura llamar la atención sobre lo enfermo de un sistema que hemos aceptado con resignación, pues bendita locura y bienvenida su reivindicación.

9/8/2014

HOMESCHOOLING: SIN MIEDO A EDUCAR EN CASA

Continuando con la reflexión sobre el homeschooling iniciada el post anterior, voy en esta entrada a desmitificar 3 aspectos que suelen ser los más criticados y que creo que es debido a un alarmismo exagerado que nos hace pensar en la opción de educar en casa en su versión más radical manifestándose de este modo los extremos que no suelen ser lo habitual de la práctica cotidiana.

En primer lugar hablaré de la socialización. Se ha prodigado un discurso que domina la opinión pública de que la escuela es un lugar de socialización. Obviamente lo es. Cualquier lugar donde juntes personas y no limites la interacción entre ellos es un lugar de socialización.  Pero la prematura escolarización a la que nos vemos “obligados” por la ya mencionada falta de conciliación laboral-familiar, necesita de un relato que permita el abandono en manos de terceros de nuestros hijos sin cargo de conciencia a pesar de lo anti-natural del hecho, lo que ha consagrado la socialización escolar como el lugar privilegiado de socialización.


La escuela es un lugar de socialización, pero artificial. Juntar 20 niños de 2 años en una guardería y pretender que realicen todos más o menos la misma actividad, se parece más a un laboratorio que a la vida normal. El ser humano socializa en sociedad, es decir, en un ambiente de personas de diferentes edades, realizando tareas diferentes. Juntar a los alumnos por año de nacimiento es un criterio organizativo, no pedagógico. ¡Anda que no hay diferencia especialmente a edades tempranas entre un niño nacido en enero y otro en diciembre!

Mis mellizos acaban de cumplir 3 años y en todo este tiempo no han ido a la guardería, pasan todo el día conmigo. Pero cuando digo conmigo, no es sólo conmigo, es con el chofer del autobús a quien saben darle el bonobus, con la panadera a la que llaman por su nombre y le dan su moneda de euro (saben cuál es la moneda de comprar el pan)  para comprar las 2 barras de pan. Es con todos los tenderos del mercado, especialmente con el del pescado que les ha enseñado los nombres de cada pez. Porque el pescadero no es tonto, sabe cómo hay que tratar a un niño de 3 años aunque no tenga el grado en educación infantil, y les habla despacito, vocalizando, y con palabras sencillas además de con mucha ternura. Porque eso es socializar. Los niños también socializan con los adultos que van encontrando por la ciudad en la cotidianeidad de cada jornada. Y por supuesto socializan todos los días en sus largas horas de parque, plazas y playa (ventajas de vivir en Cádiz) con otros niños de su edad, con mayores y menores. Socializan con los vecinos, que son las cobayas de las reglas de educación en el portal, en el ascensor y en la azotea tendiendo la ropa.

Educar a los niños en casa es en realidad utilizar el ambiente de socialización más apropiado para el aprendizaje, el de la familia. Pero no sé por qué cuando se habla de homeschooling la gente se imagina que esos niños ya no salen  nunca de casa, que no hablan con nadie, que no saludan a los vecinos, o que están siempre en pijama. No seamos ridículos, que los contenidos básicos del aprendizaje necesario se adquieran en casa no significa que los niños no salgan a la calle a jugar, a comprar, o que no vayan a otros lugares de aprendizaje donde también hay alumnos. Los ejemplos que he conocido, la mayoría iban al conservatorio a clases de música, o a alguna academia de idiomas.

La socialización no es un problema para el homeschooling, sin embargo la estandarización de los grupos de aula unificados por edad sí lo son para la educación formal por lo artificial de esa socialización.

En segundo lugar creo que hay que tener en cuenta el tema de la preparación de los padres para poder educar a sus hijos en todas las materias que necesitan para estar igualados con los que van a la escuela o dicho de otra manera para que alcancen los mínimos de lo que se ha estimado como educación obligatoria.

Una vez más creo que hay que huir del alarmismo. No nos asustemos, el homeschooling no es una pandemia. ¿De cuantos padres/madres estamos hablando en España? ¿Creemos de verdad que esa minoría son justamente los más incapaces de llevar a cabo tal labor y que se han lanzado a la aventura por inconscientes?  ¿No será más bien que se trata precisamente de progenitores bastante capaces de cumplir con semejante empresa, que han medido bien sus fuerzas, evaluado sus recursos y que saben a quien pedir ayuda en caso de necesidad?.

Quiero imaginar que quien se embarca en una empresa de estas dimensiones tiene la preparación necesaria, que tampoco creo que sea hoy, gracias a la cantidad de recursos en la red, excesivamente difícil, al menos para la educación primaria. No obstante, estoy de acuerdo con  Jordi Martí, en que si el modelo se extendiera, podría servir de excusa para que familias de contextos más desfavorecidos, sin interés por la escolarización de sus hijos se escudaran en esta práctica para justificar tener a los hijos en casa y que ayuden en otras tareas no necesariamente educativas.

No obstante, estimo que llegado el momento de solucionar un problema así, no sería difícil establecer unos mínimos formativos o incluso ofertar unos complementos pedagógicos a los padres que ayuden a regular esta práctica.

El último punto que quisiera tratar en este post es el de la evaluación. La pregunta que lícitamente nos hacemos todos es ¿habrá unos exámenes para ver si realmente el alumno/a que estudia en casa está progresando de manera adecuada o para llegado el momento, poder dar la voz de alarma si no se están consiguiendo unos resultados mínimos?

Por lo que tengo entendido, hasta el momento esto no se contempla en nuestro sistema ya que el homeschooling además de realidad marginal, no está regulado. (Si me equivoco en este punto, sobre el que me falta más información, corregidme los que sepáis más del asunto).

Que no exista no significa que tenga que ser difícil crearlo. Como dije en el post anterior, los avances en el terreno de la innovación educativa gracias a los avances tecnológicos, nos hacen pensar en que la educación a distancia, on-line o semi-presencial que está creciendo en el ámbito universitario, se pueda extender a la secundaria obligatoria o a la primaria. Eso supone que el control, a mi juicio necesario, que debe haber sobre la obligatoriedad de la educación, se pueda dar también en un posible modelo de educación en casa.

Ahora bien, si dentro de la educación formal estamos cuestionando la forma de evaluar a través de exámenes, siempre escritos donde vomitar lo memorizado para olvidar, no seamos tan torpes como para evaluar a quien estudia en casa a través de simples exámenes. Creo que podemos ser mucho  más creativos y eficaces.

Creo además, por lo que leo de la gente que practica educación en casa, que es algo deseable por quienes han optado por el homeschooling. También ellos necesitan de unas referencias para saber si lo están haciendo correctamente, ya que doy por supuesto que lo que quieren es el mayor bien de sus hijos.


Quisiera con todo lo dicho provocar una reflexión que genere serenidad a la hora de tratar el tema, al cual veo también algunos peligros, que trataré en el siguiente post, pero que no son los primeros que suele sacar a la luz la gente cuando se trata de este tema.

HOMESCHOOLING; PREMISAS PARA EL DEBATE

Escribo este post como respuesta a un mini-debate que comenzamos de modo espontaneo en twitter el otro día Jordi Martí, Laura Mascaró, Joan Moya, Juan Manuel García y un servidor acerca del tema, siempre polémico, del homeschooling. Como la red de los 140 caracteres ofrece solo ese espacio para exponer cada mini-opinión, propuse que cada uno escribiera en su blog su punto de vista y el primero en hacerlo fue Jordi Martí, mostrando sus dudas en este artículo (el homeschooling, un tema muy gris) Contesto al mismo con estas líneas, de modo que no hago aquí una reflexión estructurada y sistemática, sino a vuelapluma establecer algunas premisas para el debate.

La primera es que debemos perder el miedo a sospechar de lo institucionalizado y salir de la mentalidad del “aquí siempre se ha hecho así”. Hacerlo con respecto a la educación nos permitirá ver que el sistema educativo que actualmente tenemos en nuestro occidente post-industrializado y mayoritariamente urbano no siempre ha sido del mismo modo y que la evolución que ha tenido hasta alcanzar la forma actual no siempre ha sido debido a razones educativas o a intereses por el alumno (que entiendo que tiene que ser el centro de nuestra intención en todo cuanto hacemos).

En la sociedad agraria, los padres confían al Estado la educación de sus hijos para aquellas facetas que ellos mismos no son capaces de llevar a cabo. Más allá de una alfabetización básica (en un sentido muy amplio) no se requería mucho  más para poder continuar  el negocio familiar que generalmente tenía que ver con labores del campo o para ser empleado en alguna labor artesana, que se aprendía con la práctica (es la figura clásica del aprendiz) y en ningún caso se entendían aquellas labores como esclavitud infantil, sino como ayuda en casa. Sólo que las labores de casa comprendían mucho  más que hacer las camas.

Cuando llega la sociedad industrial y el mundo de las fábricas, los progenitores se ven obligados a confiar una mayor parte de la educación de los hijos al Estado. No están ellos preparados para darles los conocimientos que van a necesitar para poder encontrar hueco en una sociedad nueva que precisa de mayor especialización. La velocidad de los cambios en este nuevo panorama y la migración masiva a las urbes, hace que también haya mucho abuso en el empleo de niños como obra de mano barata.

En la sociedad de la información, el mundo se vuelve más complicado aún, los padres sienten que no están para nada preparados para educar a los hijos y delegan su responsabilidad educativa prácticamente en su totalidad al sistema. A eso se le suma la imposibilidad real de atención debido a la falta de conciliación laboral-familiar, que lleva a una escolarización prematura (ya escribí sobre este tema).

Pero en los últimos años nos hemos visto, casi como de sorpresa, dentro de un nuevo mundo que podemos denominar sociedad en Red, que está cambiando todo. Nuestra manera de relacionarnos, de consumir, de viajar y sobre todo de informarnos. ¿Por qué no imaginar que es el momento de recuperar por parte de los padres mucha de la responsabilidad educativa que delegaron las generaciones anteriores?  No como reivindicación, sino como evolución natural del modelo.

Si observamos como se ha ido transformando el modelo familiar en cuanto a la representatividad de los roles padre/madre, nos damos cuenta que se ha avanzado bastante hacia la paridad en el sentido de que igualmente cuida de los niños el padre o la madre. A nadie le extraña ver a un hombre llevando un carrito de niños, o verle con un bebé colgado del pecho en su mochila o cambiando pañales en un parque.

También se aprecia una cierta vuelta hacia la crianza natural. Se va extendiendo una mentalidad que defiende no solo el amamantamiento hasta que sea posible, en función de las obligaciones laborales, sino un sano apego que desarrolle positivamente la afectividad de los hijos, así como un alejamiento de ciertas prácticas conductistas y una mayor confianza en el “instinto maternal/paternal”, es decir, en que “no te preocupes que vas a saber cuidar de tu hijo”.

En el mundo educativo formal también están cambiando las cosas. Hay toda una corriente de innovación educativa que empieza a tener en cuenta, en primer lugar que los niños aprenden de modos diferentes (inteligenciasmúltiples) y a ritmos desiguales. Estimo que este es el principio de una verdadera educación personalizada que alcance no sólo a los alumnos con dificultades de aprendizaje sino al grueso de la población estudiante. En segundo lugar esta corriente innovadora defiende como herramienta pedagógica la denominada Flipped Clasroom, asumiendo de este modo que el trabajo central de búsqueda, comparación y filtración de la información a asimilar se puede realizar en casa y que el centro educativo debe priorizar las tareas de tutoría y fortalecer la personalización (una vez más).

Por su parte, las nuevas plataformas digitales permiten que los padres estén más al corriente de lo que ocurre dentro del centro educativo y realicen un seguimiento más detallado del progreso de su hijo sin necesidad de tener que esperar al “susto” de las notas. También el progreso en nuestra cultura participativa y democrática ha permitido que la comunicación entre tutores y padres pueda ir caminando hacia un modelo de mayor implicación de las familias en la vida del colegio. Desde una perspectiva sistémica, se trataría de no dejar fuera elementos que pertenecen de modo natural al sistema.

Todo lo expuesto me lleva a considerar que el modelo del homeschooling es algo que deberíamos empezar a tener en cuenta por la cantidad de elementos que a mi juicio posee propios de una evolución natural y sana del sistema. Veo como obstáculo difícil de superar en este momento el tema de la conciliación laboral, es decir, de la disponibilidad de al menos uno de los progenitores, para poder llevar a cabo una mayor atención en casa.


Sobre las cuestiones siempre discutidas de la necesaria sociabilidad, la preparación-formación de los padres y la necesidad de un cierto control-evaluación por parte de alguna instancia reguladora  hablaré en el siguiente post.

26/7/2014

INTELIGENCIA EJECUTIVA

El coaching es ante todo una disciplina que enseña como llevar a cabo los cambios necesarios en cualquier proceso para conseguir objetivos de superación. La clave está en ayudar al coachee o cliente a descubrir qué es lo que tiene que hacer y encontrar en sí mismo la fuerza y la detreminación para llevarlo a cabo.

En el coaching, especialmente cuando se utiliza el método GROW, después de haber formulado con claridad los objetivos, asumir la realidad de la situación tratando de desbloquear las limitaciones y de contemplar las oportunidades, la última fase consiste en establecer la estrategia o el plan de acción. Y es aquí cuando las personas se empiezan a poner nerviosas viendo que la cosa va en serio.



Formular objetivos es algo ilusionante que gusta a todo el mundo, está relacionado con soñar, imaginar, proyectar. Te coloca anímicamente en un estado de esperanza, de utopía. Asumir la realidad del punto en el que estoy, que es la segunda fase del método, también suele gustar, porque contiene ese elemento de autoconocimiento, introspección, que todos deseamos por lo terapéutico de la aceptación de uno mismo. Descubrir las oportunidades, en el tercer paso, es entrar en el maravilloso terreno de la creatividad, y llegado este punto parece que uno es capaz de sentir que alcanza casi con la mano sus objetivos propuestos. Y entonces es cuando el coach pregunta:

- Muy bien ¿cuándo vas a empezar?
- A empezar ¿qué?
- Pues a empezar a desarrollar la estrategia que has ido diseñando para conseguir tu objetivo.
- Ah! Pues no sé.
- ¿Cómo que no sabes? Tú eres quien tiene que poner en marcha el proceso que te haga conseguir tu objetivo. Si ya sabes lo que tienes que hacer ¿Cuándo vas a empezar a hacerlo?
- Vale, pues… la semana que viene.
- Y ¿por qué la semana que viene? ¿Hay algo que te impida empezar esta semana?

Aquí es cuando el interpelado empieza a ponerse rojo y abre los ojos cada vez más semejando sorpresa por la insistencia del coach. Casi se pueden leer sus pensamientos: “pero este tipo ¿qué quiere, que lleve esto a la práctica de verdad?”

Si el coach es bueno, seguirá preguntando cual pescador que ha enganchado su pieza tirando del sedal, hasta que consiga arrancarle un día y una hora a la que empezar, además de un compromiso de perseverancia en su plan de acción.

-       Bueno, pues es verdad, nada me impide empezar esta semana.
-       Entonces esta semana. ¿qué día?
-       Cómo que ¿qué día?  (Esta es la parte que más me gusta, cuando alguien descubre que las semanas tienen días. Que decir que va a hacer algo en una semana es tan inconcreto que en realidad significa que no lo va a hacer)
-       Claro, ¿qué día de la semana?
-       Pues no sé, no lo había pensado.
-       Claro, por eso te lo pregunto. Para que lo pienses y lo decidas.
-       Pues el lunes no puedo porque tengo ocupado la mañana y la tarde y por la noche tenemos un compromiso familiar. Así que el martes.
-       Magnífico, el martes…  ¿a qué hora?  (llegado este punto el sujeto ya se ha dado cuenta de lo que significa concretar y que no le van a dejar en paz hasta que quede claro la hora de comienzo del plan de acción, así que con voz determinada dice la hora)
-       A las 6 de la tarde.
Generalmente el coachee piensa que ya está finalizado el asunto, pero no. El coach insiste con otra batería de preguntas:

-       ¿qué impedimentos podrías encontrar en empezar el martes a las 6?
-       ¿cómo solucionarás esos impedimentos si se presentan?
-       ¿cómo harás para asegurarte que nada te detiene de comenzar tu plan de acción?
-       ¿a qué hora quieres que te llame para que me cuentes que ya has empezado tu plan?
-       ¿cómo harás para perseverar en tus intenciones?

La incomodidad que generan habitualmente estas preguntas demuestra lo poco concretos que somos para llevar a cabo cualquier plan. Pensamos mucho, imaginamos cómo debería ser, pero nos cuesta llevar las cosas a la práctica con determinación. Y este es precisamente uno de los factores de la excelencia en cualquier terreno.

Desde jóvenes, la diferencia entre el buen y el mal estudiante suele decidirse en la determinación en ponerse a estudiar. Quien comienza con “después de comer”, pasa fácilmente a “quería decir después de la siesta”, que se transforma en “cuando termine este programa en la tele” y culmina en “ya mejor mañana…”.

Jose Antonio Marina habla de “inteligencia ejecutiva” refiriéndose a que inteligente no es el que sabe encontrar las soluciones, sino el que conociendo la solución la aplica. Hablamos mucho en educación de inteligencias múltiples, pero no podemos perder de vista que todas ellas precisan de la determinación para ponerlas en práctica de modo que, siguiendo la definición de Howard Gardner de inteligencia, generen productos útiles en una o varias culturas.


Esto es algo que también se educa y que no podemos descuidar en la formación de los estudiantes. Los contenidos del aprendizaje deben ser para su aplicación y el elemento práctico debe cobrar una mayor relevancia en las programaciones hasta que no resulte raro que alguien nos pregunte por las concreciones de nuestras determinaciones.