23/7/2014

EL CUENTO CHINO DE LA INNOVACIÓN EDUCATIVA


En tan sólo un par de años, quienes estamos interesados por el mundo de la educación  y procuramos mantenernos al día  en lo que a novedades, itinerarios, actualizaciones, etc. respecta,  hemos podido comprobar una efervescencia extraordinaria en lo que se está denominando “innovación educativa”.

Bajo el paraguas de este concepto se abrigan las pedagogías emergentes como pueden ser el trabajo cooperativo, la flipped classroom, el modelo de inteligencias múltiples, el aprendizaje por proyectos y otras muchas formas nuevas de trabajar la enseñanza.

Todas ellas tienen en común la recuperación de los elementos didácticos de la educación no-formal y su implementación como originalidad a lo formal. Quienes estamos acostumbrados a trabajar de modo lúdico y disruptivo en educación en la calle, campamentos, colectivos de exclusión social, etc. no llegamos a reconocer mucha más novedad que la de aplicar estas metodologías de siempre en un contexto donde hasta el momento prevalecía la uniformidad, la linealidad, la mesura y la prosopopeya. No nos engañemos, la herramienta no es nueva, lo nuevo es el ámbito de aplicación.

Observo con sorpresa que no hay colegio que de una u otra forma no se haya subido al carro de la innovación. Como es lógico, en mi círculo de amistades predominan los educadores de distintos ámbitos, y entre lo que ellos me cuentan y lo que yo veo por los colegios que visito, me atrevo a afirmar que en este año no he oído hablar de ningún colegio que no haya hecho algún intento de innovación aunque sea de modo humilde y experimental.  Se suma a esta percepción la realidad de que en el último año sólo me solicitan cursos de formación sobre alguna de estas pedagogías emergentes.

Sin embargo, contrasta esta evidencia con la cruda realidad de la, a mi juicio, negligente gestión, exhibida por muchos equipos directivos en sus políticas de contratación (tema ya tratado en otra entrada). En tan sólo una semana he sabido de primera mano (directamente amigos a los que les ha ocurrido) de 5 colegios en los que han prescindido (no renovado el contrato)  de alrededor del 35% del total del claustro, bajo el único criterio de no realizar contratos fijos en previsión de ahorro en caso de  despido por mal funcionamiento o por cierre de líneas ante la falta de alumnos. Todos estos centros tienen no obstante, un elogiado discurso de ovación y ditirambo a los procesos de innovación educativa

Pareciera que algunos gestores estuvieran convencidos de que la excelencia que están alcanzando algunos centros ejemplares en estas disciplinas, se consigue enviando a miembros del claustro a un curso, congreso o taller con los protagonistas de este movimiento renovador, conminándoles  a enseñar lo aprendido a sus camaradas de claustro y esperando resultados en los alumnos en tan solo un trimestre, ignorando que uno de los elementos clave del éxito de estos centros es que llevan 20 años embarcados en estas dinámicas.

Considero insustituible una política de formación de equipos innovadores en el claustro de profesores, si se quieren obtener resultados de calidad, lo cual exige una planificación de estrategias a largo plazo que chocan de frente con la “renovación” continua y anual del profesorado. El constante trasiego de educadores no puede originar actitudes diferentes a las del desapego, la desafección y la falta de implicación en una causa que no merece la pena, puesto que la permanencia en la aventura emprendedora y la continuidad laboral, no están sujetas a la evaluación de resultados de eficacia con el alumnado, sino a criterios económicos ajenos a la labor docente.

El error se agrava al no considerar que son precisamente estos docentes “itinerantes” de colegio en colegio, o incluso los que llevan tiempo parados o buscando su primera oportunidad profesional, quienes están mejor formados en estas disciplinas innovadoras, ya que la realidad laboral les ha obligado a acumular formación en sus curriculums  que no poseen los directores que los contratan y mucho menos los profesores veteranos del claustro que permanecerán inmóviles al cambio amparados en su “intocabilidad”.
Es probable que se esté prescindiendo demasiado alegremente de quienes pueden ser un elemento fundamental a medio-largo plazo en una verdadera innovación educativa, que dé como fruto alumnos preparados para el día de mañana, mientras se acicalan las webs de los colegios con grandes anuncios de prácticas innovadoras y vIdeos de actividades lúdicas de aprendizaje que aún siendo intentos reales y sinceros por parte del profesorado, carecen de un marco eficiente que ampare una verdadera innovación.


El refrán popular dice que “no basta con ser bueno, también hay que parecerlo”, pero en este terreno de la educación parece que se le tenga que dar la vuelta al adagio. No basta parecer innovador, hay que serlo. Porque de otro modo nos convertimos en un fraude para las familias que reclaman una mejor educación para sus hijos. No digo que no sea real ni valorable lo que muchos centros de modo humilde ya están intentando, lo que cuestiono es el exceso de propaganda sobre una realidad que está comenzando pero que todavía no ha llegado a ser. Los viajes de Marco Polo a China también fueron reales, pero su relato en “El libro de las maravillas” eran tan exagerados, fantasiosos y adornados, que dieron origen a la expresión “cuento chino”. Esperemos que no ocurra lo mismo con  este emerger de la innovación y en un plazo no demasiado largo podamos hablar de una realidad de excelencia metodológica implantada en nuestro sistema educativo.


10/7/2014

MIS MELLIZOS Y LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES

            Creo que la primera vez que escuche hablar del modelo de Inteligencias Múltiples aplicado a la educación fue en una charla de Montserrat del Pozo, si no recuerdo mal en el 2009. Allí hizo una afirmación totalmente obvia, para justificar el modelo utilizado en su colegio, y era: “ si ustedes tienen más de un hijo se habrán dado cuenta que no son iguales, a pesar de recibir la misma educación, el mismo ambiente familiar , el mismo colegio”. Por supuesto, todo el público asintió. Y no hace falta tener hijos para constatar esas diferencias. Pero ocurre que cuando no hacemos explícitas las verdades fundamentales, corremos el riesgo de olvidarlas y pasarlas por alto a la hora de actuar.

            En aquel momento yo todavía no tenía hijos. Un par de años después llegaron Rodrigo y Diego, los mellizos. La próxima semana cumplen  los 3 años. En este tiempo he podido constatar que “no son iguales” a pesar de tener quizá mucho  más en común que cualquier otro par de hermanos nacidos distantes en el tiempo.

            En mi caso no es que no sean iguales, es que son como el día y la noche. A Rodrigo le gusta escuchar canciones y bailar, Diego descubre letras y números en las matrículas de los coches, los letreros de las tiendas o en las camisetas de papá. Rodrigo es tremendamente ordenado, todo se tiene que hacer como se hizo anteriormente, no se puede cambiar nada de sitio. Diego es un espíritu libre, que va demostrando mucha imaginación en su inventar juegos con lo que encuentra. A  Rodrigo le encanta probar cosas nuevas de comer sólo porque tenga una forma o color distinto. Diego con la comida es sota, caballo y rey.  Rodrigo se fija en los procesos, cómo se hacen las cosas. Diego se fija en los patrones, similitudes y diferencias.  Ni siquiera les gustan los mismos dibujos animados, ver la tele es un conflicto. Rodrigo se despierta por la mañana con muy malas pulgas y hay que ir suavizándole poco a poco. Diego se despierta con una sonrisa y dice: “Hola soy Diego, ¿quieres jugar a algo?”. Rodrigo es zurdo, Diego es diestro.

Esto implica que todo lo que hago durante el día con ellos debo pensarlo al menos de dos modos distintos. Nuestro rato lúdico-educativo después del desayuno tiene que ir alternando los gustos de ambos. Dependiendo de lo que elijamos hacer, uno de los dos necesita más acompañamiento que otro. A Diego le puedo dejar solo haciendo un puzzle, lo terminará sin ayuda. Rodrigo si no lo hacemos juntos hablando de cada ficha y sus posibilidades, ni siquiera comenzará. Si se trata de dibujar sucede al contrario, Rodrigo corre con sus pinturas a una esquina hace su “obra de arte” y viene a enseñarla orgulloso. Diego me pide que le pinte yo una casita y el rellena con infinitas ventanas. Después de jugar toca hacer las camas, poner la lavadora, limpiar, recoger, etc. Rodrigo se desvive por ayudar, lo cual obviamente ralentiza mi actividad. Diego, definitivamente no tiene vocación de amo de casa. Antes de llegar al parque  pasamos por el mercado a comprar pescado y a Diego le aúpo sobre el mostrador para enseñarle las diferencias entre las lubinas y las doradas, los boquerones y las sardinas. Y a Rodrigo le enseño lo que tiene que pedir y a dar el dinero al pescadero. Ya en el parque, Diego se pone a jugar y acoge con cariño a los demás niños que se le acercan a jugar con él. Rodrigo no espera, se acerca él nada más llegar y se presenta ofreciendo su amistad.

            Nada diferente a cualquier otro padre que tenga dos hijos, supongo. Tratar a cada uno según su forma de ser. Con la peculiaridad de que los dos tienen la misma edad y se aprecian comparativamente más fácil las diferencias.

            El próximo curso comenzarán su aventura escolar. Ingresan en el sistema educativo en la etapa infantil de 3 años y reconozco que me genera cierta inquietud. Porque no podemos ocultar la realidad de que la escolarización todavía en nuestro sistema tiene un alto grado de uniformización, estandarización y clonación. Se sigue trabajando sobre un modelo único de éxito académico basado en la superación de pruebas, que en palabras de Ken Robinson, “sólo miden la capacidad de superar ese tipo de pruebas”.



            El modelo de Inteligencias Múltiples de Howard Gardner defiende principalmente, que todos los niños son inteligentes, pero cada uno lo es a su manera. No existen los “tontos”.  Considero que esto es un gran avance ideológico en el mundo de la educación, por la mirada positiva y esperanzada que proyecta sobre el alumnado y por el respeto absoluto a las diferencias.  Sin duda por ese camino obtendremos mejores resultados en pro de una sociedad más justa e igualitaria.

            Sin embargo esta realidad que es tan evidente de constatar por cualquier progenitor, sin necesidad de estar versado en el truculento orbe de la pedagogía, parece no ser tan manifiesta para los responsables de la implementación de los programas educativos en los colegios, que al oír hablar de nuevos modelos o de pedagogías emergentes, lo perciben como una moda pasajera o como un dilema embarazoso, sin reparar en que cabalmente por lo innato del modelo a la naturaleza humana, su puesta en práctica debería ser altamente asequible.


            Reclamar que el sistema educativo  se adapte al alumnado y no el alumnado al sistema, supone poner a la persona en el centro de la intención pedagógica. No estamos proponiendo una revolución ideológica que ponga todo patas arriba, sino reivindicando la normalidad que se testimonia en la actuación de cualquier padre cabal o cualquier maestro/a ejemplar. Es decir, que la escuela se parezca más a la vida real donde todos somos conscientes de que cada persona es diferente y la tratamos en función de su forma de ser.

1/7/2014

PROFESIONALES PARA UN NUEVO PARADIGMA EDUCATIVO

Cuando hablamos de cambio de paradigma educativo, corremos el riesgo de pensar restrictivamente que se trata de un cambio en cuanto a la metodología, es decir, un cambio pedagógico. Se habla de pedagogías emergentes como el PBL, el aprendizaje cooperativo, la Flipped Classroom o el Design Thinking. Y sin desestimar esta realidad, considero ineludible que no perdamos de vista que ese nuevo paradigma, lo que implica es una nueva visión del concepto escuela o colegio.

Sin duda alguna, la escuela es uno de los elementos fundamentales de la sociedad. Se requiere educar a nuestros niños para que sean los hombres y mujeres que el día de mañana lideren esta sociedad. Pero hay dos formas de entender esta labor. La primera de modo estático, la segunda de modo dinámico.

Una premisa necesaria es no perder de vista que, debido a la falta de conciliación laboral-familiar, un porcentaje muy alto de niños/as comienza su escolarización en el primer año de vida, casi el total a los 3 años. Si añadimos los años de bachiller y la universidad, a la que todavía a pesar de la crisis, también accede un porcentaje alto de alumnos, nos encontramos con personas que han pasado más de 20 años en el sistema educativo, aprendiendo de manera generalmente pasiva, recibiendo contenidos académicos sobre lo que tienen que aportar a la sociedad, pero sin hacerlo de facto.
El colegio es mucho  más que impartir asignaturas. Es un elemento transformador del barrio, de la sociedad. Pero lo será en la medida en que tenga una proyección hacia fuera, que lo redimensione como un lugar no exclusivamente de formación de menores, sino como agente social activo enriquecedor de su entorno.

Trabajando con PBL o Design Thinking, el propio aprendizaje puede enfocarse para que los productos finales a evaluar sean aplicaciones que mejoren el entorno del colegio. Si además, desde el propio centro se hace un análisis de campo de las necesidades del barrio o de la ciudad y se proyectan acciones solidarias a través de procesos de voluntariado por ejemplo, la educación estará siendo realmente práctica.

Esto implica, entre otras cosas, que los profesionales con los que debe contar el centro, cada vez van a precisar de una mayor especialización en este enfoque. Para ello es necesario que dejemos de cometer algunos errores generalizados a la hora de llevar a cabo los procesos de selección.

Observo con pesar, que un criterio que se está generalizando, es el de buscar personas con amplia titulación que puedan cubrir muchos puestos o impartir varias asignaturas (hasta aquí todo bien) pero privilegiando este criterio de manera exagerada sobre la experiencia, la afinidad con el ideario del centro o la capacidad de crear equipos de trabajo efectivos. Obviamente es cuestión de tiempo (muy poco tiempo) que este profesional termine quemado por falta de motivación y exceso de trabajo diversificado. No lo manifestará abiertamente por miedo, pero el resultado último será justamente el contrario al buscado: un menor rendimiento laboral.

Otra pauta reiterada es que a menudo se contratan profesores con un índice de personalidad más bien bajo, personas de perfil pusilánime, con el propósito de evitar problemas relacionales, ya sea con los compañeros o con la autoridad. Pensémoslo de manera detenida. ¿realmente creemos que este es el modo de evitar conflictos?  Los conflictos y los problemas siempre van a aparecer, forman parte de la vida de un organismo. Personalmente, prefiero que me dé problemas un profesor por arriesgado, emprendedor, creativo e innovador  que por achantado, acoquinado y obediente. “Más vale frenar a un loco que empujar a un tonto”. No podemos estimular la creatividad metodológica con personas que prefieren obedecer y callar. La labor de la dirección consiste precisamente en gestionar exitosamente el conflicto, sea de la naturaleza que sea. El temor a no saber desempeñar exitosamente su rol de autoridad no puede ser evitado a través de elegir personas que no la cuestionen. 

Un último criterio de selección equivocado estimo que es la falta de valor para prescindir de quien realmente lo está haciendo mal y generando lastre al centro, habitualmente por lo caro de un despido. En el otro extremo encontramos  el desparpajo con el que se prescinde de personas válidas o potencialmente valiosas con el único objeto preventivo de no hacer contratos fijos. El coste del despido no puede establecerse como criterio de selección. Nuevamente este tipo de decisiones manifiestan inseguridad en las decisiones tomadas y exceso de prevención por miedo al error.

Desde una perspectiva de liderazgo efectivo, la selección de personal debería estar en función de la configuración de equipos de trabajo funcionales en pro de objetivos de excelencia previamente formulados. El simple relleno de huecos bajo el criterio de ganga (profesores multiuso, baratos y fáciles de usar) es un error que se paga.

Se precisa a mi juicio, una mentalidad abierta por parte de los responsables correspondientes, para visualizar que no se trata sólo de profesores, en cuanto personas que impartan clase de cada asignatura oficial, lo que el colegio necesita, sino un apropiado equipo multidisciplinar  que realice cometidos diversos, no siempre de carácter estrictamente docente, aunque sí educativo.

Si coincidimos que cambio de paradigma significa cambio de visión, urge que en ella visualicemos la inversión en profesionales que hasta el momento sólo de modo eventual aparecen por el centro.

Inversión por tanto en profesionales de la animación sociocultural que ayuden a la interacción con el entorno del centro desde la perspectiva no-formal, formen en voluntariado y creen escuela de monitores entre los alumnos. Inversión en equipos de orientación polifacéticos experimentados en Inteligencia Emocional y  todo lo relacionado con la neuropedagogía. Inversión en expertos en la implementación de pedagogías emergentes que puedan trabajar como tales sin que sea esta una tarea que se encomienda a un profesor, cargándole con más peso del que puede. Inversión en personas cuya tarea sea la de establecer esos vínculos de la escuela con el barrio. Gente conocedora de ambas realidades y con la habilidad de establecer este tipo de simbiosis.


Continuar cargando este tipo de funciones a los profesores y esperar además que dé resultado, como si la labor de preparar y dar clases no fuera suficientemente ardua, considero que es moverse en el viejo paradigma. Por ello hablo de inversión y no de gasto. La mirada debe estar puesta en los alumnos y lo que puedo ofrecerles, no en el bolsillo y lo que me va a costar, porque “si crees que la excelencia es cara, espera que te llegue la factura por la mediocridad”.  

24/6/2014

DIRECTORES DE COLEGIOS INSPIRADORES

A tenor de la matriculación para el próximo curso de mis dos hijos mellizos, después de haber asumido yo personalmente durante sus tres primeros años la totalidad de su atención, en casa hemos tenido mucho debate sobre las características del centro educativo que queríamos ofrecerles, dentro de las posibilidades que nuestra ubicación geográfica nos permitía.

Supongo que todos los padres, más allá de lo  familiarizados o no que estemos con el mundo de la educación, establecemos una serie de ítems, características o requisitos que el centro ideal debe tener como criterio de calidad. Una de las características que uno de esos días tuvimos como centro de la conversación era la de colegios con equipos directivos inspiradores o no. Voy a explicar con un ejemplo lo que es para mi un colegio inspirador.

Hace unos años con motivo de unas prácticas de psicología que tenía que hacer, estuve durante un mes colaborando en un colegio de bastante prestigio social de la ciudad en la que en aquel momento vivía. Como es obvio, la universidad se puso en contacto con el centro y luego yo personalmente con el director. Tres días antes de iniciar las prácticas, llamé de nuevo para recordarles que el jueves de esa semana comenzaba.

La mañana de inicio, al llegar, pregunté por el director (que era quien había quedado en recibirme) en la portería. Nadie sabía dónde estaba. Veinte minutos más tarde apareció por un pasillo y me dijeron: “ese es”. Me acerqué, me presenté y me dijo: “ah! ¿Era hoy que venías?”. Visiblemente desubicado comenzó a preguntar por diferentes profesores a ver si alguno estaba libre  para llevarme al departamento donde tenía que incorporarme, que era el de orientación. Finalmente enganchó a uno que iba a desayunar a la cafetería, el cual me acompañó amablemente al despacho de la orientadora mientras intentaba darme conversación, sin gran acierto por su desinformación. Al llegar al despacho de la orientadora, ésta puso cara de asombro pues no sabía nada de mi, lo cual era lógico pues se trataba de la orientadora de primaria y yo tenía que trabajar con la de secundaria, que estaba en otro edificio. El director no especificó al dar las instrucciones al profesor, que al ser de primaria, dio por supuesto a dónde llevarme.

Cualquiera que trabaje en un colegio sabe que esto que cuento no refleja necesariamente un desastre organizativo. Que hay muchas posibilidades de que sea uno de esos días de locos en un cole, en el   que pillas a todo el mundo con el pie cambiado y te da una imagen de desorden y caos que no corresponde a la realidad. De hecho no fueron así de caóticos todos los días del mes que allí permanecí, aunque sí  más de uno.

En contraste con esta experiencia, al año siguiente me solicitaron un taller sobre Inteligencia Emocional en otro colegio de otra ciudad. Se trataba de 3 horas diarias durante 4 días con alumnos de 3º y 4º de ESO. La gestión para la organización la realizó directamente la orientadora conmigo vía telefónica. Así que el día acordado me presenté allí media hora antes de comenzar, para preparar con tiempo el espacio y el material.

Para mi sorpresa, en cuanto dije quién era en portería, apareció inmediatamente el director manifestando gran agrado por mi visita y llevándome a una visita rápida por el centro mientras me explicaba las características del mismo y los problemas que a su juicio tenían, así como las razones para convocarme para estos talleres.

Yo estaba sorprendido de su atención por mi y la confianza que estaba teniendo para contarme más de lo necesario para mi labor. Entonces cuando por fin llegamos al salón donde se iba a desarrollar la actividad me dijo: “Te cuento todo esto porque he visto tu perfil en las redes sociales, he visto tu formación y tu experiencia y creo que tu visita puede aportarnos mucho a la marcha en general del centro. Por eso te pongo al día de nuestros objetivos para que permanezcas con los ojos abiertos, más allá de la impartición de tu taller y al final podamos tener una conversación donde nos des feedback. Sería un desaprovechamiento no utilizar todo lo que pasa por nuestro centro como retroalimentación para hacerlo cada vez mejor. Todo el mundo tiene algo que aportar, pero es importante tener una actitud receptiva. ¡Esperamos mucho de ti!

Como os podéis imaginar, si te reciben así, te sientes más motivado y tratas de superarte deseando ofrecer un valor añadido. Descubrí en aquellos 4 días que la actitud de aquel director no era “postureo”, que realmente trataba así a todo el que pasaba por su colegio. A eso le llamo yo INSPIRADOR. La actitud que genera en ti un impulso creador y un estimulo de superación que provoca que des un paso adelante.



Al comparar estas dos experiencias, concluyo que hay dos tipos de centros educativos: los que parecen permanecer inertes en el tiempo y los que avanzan con la historia.

En los primeros, el colegio parece concebirse como un edificio por el que pasan los alumnos durante una serie de años para dar como resultado adultos con unos conocimientos que esperamos les sirvan para valerse en la vida. Los segundos semejan más a un organismo vivo que camina avanzando con sus alumnos en una dirección determinada que está relacionada con el progreso, la felicidad y una sociedad más justa.


Sin duda todo ello está estrechamente relacionado con el tipo de liderazgo que se ejerza desde la dirección. Si es un liderazgo inspirador, provocará que tanto los profesores como los alumnos intenten ir un poco  más allá y no se queden quietos pasando por el sistema educativo como si de una cadena de montaje se tratara.

17/6/2014

EL INAPLAZABLE CAMBIO EDUCATIVO



A nadie se le escapa que la necesidad de una reforma educativa es inaplazable. Y no me refiero a una muda de la  ley que descienda de lo alto cual lengua de fuego pentecostal, sino a una nueva manera de hacer las cosas más acorde al siglo XXI en el que vivimos, que propicie el desenlace esperado de personas formadas que puedan hacer transitar esta sociedad hacia un progreso en el que haya más libertades, más respeto de los derechos fundamentales y menos exclusión social. En suma, donde todos vivamos mejor.

Y aunque así formulado pueda semejar utópico, los elementos necesarios de este cambio hace tiempo que se discuten en los foros adecuados generando un consenso significativo entre quienes están llamados a ser los agentes protagonistas de dicho cambio  y no me refiero obviamente a los ministros y consejeros de educación, sino a los docentes y especialmente a los directores de centros educativos.




Si las mentes privilegiadas ya han escudriñado sobre metodologías, recursos, estrategias y paradigmas y han llegado a sesudas conclusiones sobre lo que implementar para una educación de excelencia, y el vulgo en su saber popular también percibe con nitidez cuáles son las soluciones a tanto fracaso escolar, ¿qué escollo insalvable se exhibe ante nuestros ojos que nos está vedando una superior y más deseable educación?

Una lectura de referencia que nos puede coadyuvar en esta aparente ardua búsqueda de respuesta a tan elemental pregunta, es la obra de J. A. Marina titulada “Inteligencia ejecutiva”, donde el autor en un propósito de ir más allá de lo ya de por sí novedoso, cual funámbulo en el “Cirque du Soleil”, excede la Teoría de las Inteligencias Múltiples del reputado Howard Gardner adicionando una nueva inteligencia sin la cual todas las demás quedan devaluadas. Ha denominado a esta nueva inteligencia con el apelativo de “ejecutiva”, coligiendo que es la suficiencia que faculta para poner en práctica todos los recursos de las demás inteligencias. Es decir, inteligente es aquel que sabiendo lo que tiene que hacer lo hace.

Acaso tanto análisis nos esté distrayendo del menester de evidenciar sin más demora las implementaciones necesarias para alcanzar los objetivos propuestos y quizá las especulaciones estén trocando en subterfugios que pretenden soslayar la brega del cambio ineludible.

La sempiterna excusa del corsé que la legislación vigente impone, no debería aceptarse, pues a pesar de lo infructuoso y no pocas veces perverso del sistema, éste siempre transige con la contingencia del margen de actuación que dentro de él tienen sus elementos, lo cual posibilita, a nivel micro, la gestión del cambio imperioso que a la larga y en la medida que de modo viral vaya desplegando sus buenas prácticas, será adueñado de los inertes habitantes de la cúspide jerárquica y revendido como inédito, indispensable, urgente y vital.

Presumo que de igual manera ocurre dentro de ese elemento celular que en el sistema es cada colegio. La gestión del cambio se incoará con un solo denodado docente, que fiado de su instinto y su experiencia se vaya sirviendo de la mínima holgura que se le admita y demuestre con la práctica la realidad de la excelencia educativa.


Concibo por tanto tres escenarios de batalla inexcusables, a tres niveles distintos y todos igualmente vitales. El primero de ellos sería el pertinente a la esfera personal, como se ha dicho, las buenas practicas innovadoras, creativas y revolucionarias que cada docente pueda implementar en la medida del margen de actuación permitido. El segundo, el gremial, correspondiente a la necesidad de establecer alianzas con quienes mantengan afinidad de ideales para confrontar combativamente lo inadmisible del sistema. Y el tercero, referente al nivel político, sirviéndose de los mecanismos del propio sistema para, cual troyano paciente, conquistar el nivel desde el cual la muda pueda adquirir por un lado consistencia, tanto temporal como de autoridad, y por otro expansión hasta los emplazamientos más inmovilistas que solo evolucionan cuando desde lo alto reciben la orden del cambio

5/6/2014

REPENSAR LAS ASIGNATURAS

Ocurre con frecuencia que los padres al preguntar a su hijo sobre las asignaturas que tiene en cualquier curso, no se aclaren mucho porque siguen con la concepción de las que ellos cursaron. Le pasaba a mi padre conmigo y me pasa a mi con los chavales de hoy en día.  

Para entender una realidad compleja (cualquier realidad a partir de dos elementos puede ser ya compleja, pensemos si no en el matrimonio, basta juntar dos elementos para que esa relación no la entiendan ni los mismos que la forman) habitualmente la dividimos en partes para poder analizarla. Un ejemplo claro es la medicina. La salud afecta a todo el cuerpo, con tener un órgano dañado, todo tú te sientes mal. Sin embargo el cuerpo humano es bien complejo, de forma que la medicina se divide en especialidades y los médicos se forman centrando su saber en un sólo órgano. Otra perspectivas médicas como la naturalista buscan el equilibrio de todo el cuerpo para sanar la parte dañada.




Del mismo modo ocurre en la educación. El saber, en cuanto contenido teórico, o currículum, como lo denominamos en educación, cada vez es más complejo. Lo que las Administraciones consideran que un joven debe saber al terminar su formación obligatoria cada vez es más amplio. Y todo ello se recibe de una manera fragmentada para poder ser entendido en sus partes. Pero no podemos olvidar que el sistema educativo que hemos heredado del siglo pasado está concebido bajo el paradigma de la revolución industrial y fuertemente influido en su configuración por este. Así lo mismo que en las fábricas de entonces se fortaleció el modelo del trabajo en cadena donde cada operario sabía lo que tenía que hacer con su pieza y no necesitaba saber realizar la tarea del compañero, del mismo modo se fueron estableciendo las asignaturas.

Esto nos ha llevado a un punto en el que las asignaturas no se explican en relación unas con otras. Es más, ni siquiera a los profesores se les ocurre trabajar de manera cooperativa. Y tenemos como resultado jóvenes que son buenos en lengua pero incapaces en matemáticas y nos parece normal, lo tomamos como un problema de habilidades. Pero si hemos determinado que esos conocimientos son los mínimos que un ciudadano necesita para valerse en la vida, se contradice con la aceptación del aprobado por asignaturas. Es como si el coche de la cadena de montaje pudiera pasar los controles de calidad para salir al mercado si tiene los tornillos bien apretados pero la pintura sólo por un lado. “Es que este coche es más de tornillos que de pintura“ dirá el jefe de fábrica. No tiene sentido.


Es necesario repensar el sistema educativo volviendo a pensar en global desde la complejidad de todos sus elementos para que pueda darnos los resultados esperados.