10/10/2014

DE COLEGIOS EN LA RED, A LA RED DE COLEGIOS

Para poder ser optimista sobre el futuro de la educación en nuestro país y en general en el mundo, no hay que hacer un esfuerzo titánico de imaginación utópica, sino más bien abrir los ojos a la realidad  de lo que ya está ocurriendo como revolución desde la base. Basta con seguir en Twitter a un centenar de educadores que comparten sus iniciativas innovadoras, con suscribirse a unos cuantos canales de YouTube donde se muestran las formaciones que están recibiendo muchos claustros o con leer los blogs de algunas iniciativas del alumnado realmente sorprendentes, para percibir la emergencia de un nuevo modelo. Si uno permanece atento a la Red, descubre que los colegios que van asumiendo nuevas metodologías como las Inteligencias Múltiples, el trabajo por proyectos, el visible thinking, etc. se cuentan por centenares.

Eso  me lleva a pensar que más allá del inmovilismo propio de un sistema que por anquilosado y desactualizado tiende a la inercia, está siendo la evidencia de unos resultados no acordes a los objetivos de preparación que precisan las nuevas generaciones, la que lleva a los profesionales verdaderamente vocacionados, a reinventarse para poder ofrecer una educación de calidad a sus alumnos. El cambio educativo es posible, está ya en marcha y será efectivo porque está surgiendo desde la base.

Tres elementos a mi juicio están siendo significativos en este cambio y manifiestan por su novedad la tendencia hacia un nuevo paradigma, es decir hacia un nuevo marco de comprensión del fenómeno educativo.

El primero de ellos es, que observo por primera vez en mucho tiempo, que se está dejando de lado la absurda competitividad entre colegios por ver quién es mejor, quien tiene más alumnos o quien acumula más prestigio en su entorno social. Parece que las nuevas generaciones de profesores (y directores) como un rasgo propio de las  características de los millenials, han superado la idea de éxito como estatus que identificaba a la Generación X, para cambiarla por la de disfrute de lo que se están haciendo (trabajar en lo que a uno le gusta). Y eso se traduce en buscar la mejor manera de hacer las cosas aprendiendo con humildad de quién ya esté teniendo buenos resultados.

Así, cada vez es más frecuente las visitas de equipos de profesores de colegios a otros colegios que abren sus puertas fraternalmente, para que quien quiera pueda copiar y mejorar, retornando dicha mejora como aumento de calidad. De fondo está la máxima de que las ideas compartidas no se agotan, se multiplican. Se está abandonando progresivamente la idea de “los colegios de la competencia” por la de “todos estamos en la misma lucha”.

El segundo elemento que atrae mi atención es cómo la humildad por aprender de quien tiene buenos resultados y a su vez la humildad de compartir las experiencias positivas, está adentrando a todos estos educadores en el modelo de “compartir”. Se comparten las ideas, las experiencias e incluso la formación. Es realmente gratificante ver cómo muchos colegios cuelgan fotos de sus actividades con los alumnos cada día en twitter o Facebook para que todo el que quiera pueda encontrar inspiración para hacer algo parecido o incluso mejor. Es alentador contemplar cómo algunos centros ofrecen visitas a otros profesores para que vean en vivo y en directo el trabajo diario, sin trampa ni cartón. Y es sorprendente advertir que las instituciones están compartiendo en la Red las grabaciones de las formaciones que imparten a sus claustros. Esto no ocurría hace 8 años. Se decía: “Si hemos pagado por tener a unos buenos formadores no vamos a dejar que se beneficien gratuitamente otros”. Sin embargo la realidad está cambiando gracias a la nueva sociedad en red y al ejemplo de las nuevas generaciones que parecen incorporar el “creative commons” en su material genético y el “share button” preinstalado en su cerebro.

Este es un paso hacia la mejora y el progreso, ya que la exposición múltiple del material formativo obliga a los formadores a ofrecer cada vez algo mejor y no repetirse indefinidamente, actualizándose de manera continua y contando para ello con las aportaciones que aquellos que reciben la misma puedan hacerle.

En tercer lugar, creo que es digno de consideración la organización reticular del mundo docente. Además de la utilización de las redes sociales habituales como Twitter, Facebook o los blogs, donde se agrupan y comparten materiales e iniciativas de modo espontaneo los docentes que allí se van encontrando, comienzan a surgir plataformas sociales exclusivamente educativas de intercambio de recursos y experiencias muy bien organizadas que enriquecen significativamente y a gran velocidad, los PLE (Personal Learning Environment) de los educadores.

Creo que el siguiente paso consistiría en organizar una red global que agrupe al mayor número de educadores, padres, madres y alumnos donde se elaboren e implementen propuestas para la mejora del sistema educativo. El trabajo propio que correspondería a un ministerio de educación de crear comisiones de investigación, evaluar buenas prácticas, elaborar propuestas, implementarlas a modo de prototipo, no tiene por qué ser exclusivo de los organismos oficiales. Nada puede impedir que la ciudadanía participe aportando su experiencia y sabiduría. Es más, conviene que la participación democrática no se limite a  elegir cada cuatro años a nuestros representantes y confiarles a ellos los cambios necesarios, pudiendo con las actuales tecnologías aspirar a mucho  más. Espacios de participación ciudadana construidos desde la alegría y el gozo de ser educadores. Nuevas leyes que no surjan de los despachos ideológicos sino de las prácticas diarias. Lo que se viene denominando ya redarquía. El pacto global por la educación del que siempre se habla, no creo que deba ser un pacto entre partidos políticos, que ya han demostrado cuáles son sus intereses en la educación y ciertamente no parece que nos vayan a llevar a ningún progreso, deberá ser por el contrario un pacto de los verdaderos afectados por la educación: los docentes, los alumnos y sus familias.


Como decía al principio, el cambio en el sistema educativo ya ha comenzado y se empieza a visibilizar, pero para que sea un verdadero cambio que beneficie a todos es preciso dar este paso que de manera natural se evidencia. Perdamos el miedo y las miras cortas que nos hacen planificar en función de mi colegio y poco más y asumamos el protagonismo que merecemos los educadores estimando que la repercusión del buen trabajo de cada uno de nosotros puede y merece alcanzar la dimensión de globalidad.

24/9/2014

LA LOMCE Y LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES



Con el comienzo del curso, la actualidad bloguera y los comentarios en las redes acerca del mundo educativo, se están centrando en la nueva ley de educación del ministro Wert conocida como LOMCE.  Por lo que leo hasta el momento, parece haber más detractores que defensores. Nada extraño para una ley que sale adelante con el único apoyo del partido con mayoría parlamentaria y que ya ha sido amenazada de muerte por cualquier previsible cambio de gobierno.

Mi reflexión sobre la LOMCE se aleja de cualquier planteamiento político y se va a centrar en una cuestión práctica referida a lo pedagógico.

Mi percepción sobre el tema,  es que a primera vista esta nueva ley parece caminar en dirección contraria a lo que se está intentando implementar como innovación educativa en aquellos centros que están apostando por una actualización de las metodologías a los alumnos del siglo XXI para no quedarse estancados en siglo XX.

Mientras el discurso innovador defiende como paradigma el modelo de inteligencias múltiples, reconociendo que cada alumno puede ser inteligente de formas diferentes y busca así potenciar las capacidades de cada cual para que alcance el máximo de su rendimiento, la LOMCE parece volver a las asignaturas de la EGB privilegiando de nuevo las matemáticas y la lengua, al darle más horas semanales obligatorias y desatendiendo lo que tiene que ver con el arte y la música.

Se diría que la mirada sobre el alumno en esta ley, sigue anclada en un modelo pasado, donde el éxito se basa en tener buenos resultados académicos en las asignaturas que permitan después acceder a las “carreras de toda la vida”: medicina, ingeniería, derecho y empresariales. De este modo se ignoran los cambios que ha experimentado la sociedad en los últimos años y la dirección que estos cambios están tomando. Cada vez se escucha más en el mundo educativo la idea de que no sabemos las profesiones para las que estamos educando a nuestros alumnos, porque todavía no existen. Seguir considerando que las profesiones de toda la vida permitirán a los jóvenes encontrar trabajo es ignorar la realidad actual del paro en España.

No obstante, esto no debería desanimarnos. Las leyes están hechas para marcar los límites, es decir, para decirnos lo que hay que hacer obligatoriamente y lo que no se puede hacer en ningún caso. Pero entre esas dos líneas hay un espectro de posibilidades enormes que en manos de la creatividad pueden dar resultados maravillosos.

Por ejemplo algunos colegios trabajan en PBL simultáneamente con todos los alumnos de un curso, pero no por ello dejan de respetar la ratio aluno/profesor, ya que mantienen 3 profesores en el aula (o incluso más) ya que al ser el proyecto interdisciplinar permite que todos puedan participar activamente.

Por tanto, que la visión institucional no tenga en cuenta los horizontes en pos de los cuales camina el nuevo paradigma educativo, no debe ser óbice para mantenerse ilusionado en el intento de ofrecer a nuestros alumnos la mejor educación y de la mejor manera posible.
Si creemos que la inteligencia musical, la corporal, la naturalista y sobre todo la emocional, tienen que recibir tanto prestigio como lo lingüístico o lo lógico-matemático, seguro que encontramos un modo creativo de dárselo entre los mínimos y los máximos de cualquier ley. 


17/9/2014

COACHING PARA LA INNOVACIÓN EDUCATIVA

En España estamos asistiendo a dos reformas educativas simultaneas a falta de una. Por un lado está la LOMCE y por otra, una corriente o movimiento denominado genéricamente como “innovación educativa”  que avanza progresivamente desde la base del sistema educativo.

La LOMCE se encuentra con el eterno problema de cualquier reforma impuesta desde arriba: las resistencias al cambio y la desconfianza en que dicha transformación produzca alguna mejora en los resultados. Se suma en esta ocasión la amenaza de ser una ley de corto recorrido dado que ya está avisado que un posible cambio de gobierno daría marcha atrás con lo que se hubiera iniciado, lo que provoca que quienes tienen que implementar la reforma vayan con el freno pisado.

Por su parte, un grupo cada vez creciente de profesores están llevando a cabo reformas pedagógicas y metodológicas dentro de un marco no demasiado flexible, pero que permite iniciativas interesantes. En esta línea muchos colegios están apostando por la implantación del modelo de Inteligencias Múltiples, el aprendizaje por proyectos o el método cooperativo.

Aquellos colegios que llevan más tiempo en este cambio innovador y que lo han implementado de manera estratégica, sin más presiones que el propio interés de ofrecer a los alumnos la mejor educación posible para el siglo XXI, están consiguiendo resultados espectaculares, convirtiéndose en abanderados de este movimiento.

En el lado institucional evidenciamos que las diferentes reformas educativas que ha tenido este país no han supuesto ninguna mejora sino todo lo contrario, a la vista de los resultados de abandono y fracaso escolar. No hay que alarmarse. Es lo que se puede esperar de una ley hecha en los despachos y no a pie de aula y sin consenso político. Se obedece a los mandatos ministeriales pero, obviamente, falta la pasión que hace que cualquier proyecto triunfe.
 Del otro lado, en los “docentes de base” innovadores diría que no falta pasión. No obstante, la pasión no es suficiente para que una reforma, sea pequeña o grande, tenga consistencia y produzca buenos resultados. Es imprescindible la claridad de objetivos, la toma de conciencia de la realidad y la planificación estratégica.

Veo colegios subiéndose al carro de la innovación educativa desde el nerviosismo de directores/as por no quedarse atrás o no estar a la moda de lo que han iniciado sus competidores. Equipos directivos que después de un curso de 8 horas sobre pedagogías emergentes retornan a sus centros como si de Moisés bajando del Sinaí se tratara, con el rostro iluminado y espoleando a sus profesores a iniciar cuanto antes estos métodos sin evaluar sus recursos, preparación y consecuencias. En definitiva, la casa por el tejado, pero eso sí, que en la página web aparezca que estamos ya en la vanguardia de la innovación.

El mismo nerviosismo que se observaba hace unos años con los sellos de calidad en los centros. Todo el mundo buscando la acreditación para ser un centro de calidad, que demostró con el tiempo que era una calidad sobre el papel para ser avalados ante los padres, pero que no siempre buscaba la verdadera calidad, la de la formación de los alumnos, dado que los resultados de los centros “de alta calidad” están siendo semejantes a los tiempos anteriores al sello. ¡ Y cuantos profesores se quemaron de tanto rellenar informes!

Es imprescindible para acometer cualquier cambio, saber cuál es el cambio que se quiere conseguir y entonces planear la estrategia adecuada, no hacerlo a lo loco.  Y para ello disponemos de herramientas eficaces, algunas de ellas forman parte de esta misma innovación educativa. El coaching educativo o el design thinking son modos de trabajo diseñados precisamente para obtener este tipo de resultados, ya que nos enseñan a planear estrategias y a hacerlo de modo creativo. Y sobre todo, sin prisa, midiendo estratégicamente los tiempos para que se alcance bien el resultado y disfrutando del proceso.


La reforma educativa que necesitan nuestros hijos tiene que ser un proyecto que nos apasione porque creamos en él. Por eso no resultará si viene impuesta de arriba o si se hace de manera atropellada. Es preciso que se planifique como se planifica una larga marcha, por etapas y en función de las fuerzas, para que el camino sea parte también de la meta.

12/9/2014

QUE A NADIE LE APRIETEN LOS ZAPATOS: LA INDIVIDUALIZACIÓN EDUCATIVA


Ayer tuve el privilegio de asistir a una conferencia de Javier Touron sobre la individualización del proceso enseñanza-aprendizaje con motivo del acto inaugural en un colegio.  Dos ideas sencillas pero potentes, captaron de modo especial mi atención. La primera, la metáfora del tamaño de los zapatos. Tan simple como explicar que dos niños de 5 años no tienen por qué tener el mismo tamaño de pie, con lo cual la talla de calzado que usan es distinta y a nadie se le ocurre ponerle a todos los niños de 5 años el mismo calzado  sencillamente por tener la misma edad.

Esto que semeja tan obvio, lo pasamos por alto en el mundo educativo, especialmente en las edades más tempranas, donde agrupamos por criterio de edad, dando por su puesto, que a misma edad, mismo desarrollo y por tanto mismas necesidades, cuando a todas luces es una barbaridad como calzar a todos los niños un 25 por estandarización. Si yo mismo me doy cuenta que mis mellizos tienen necesidades educativas diferentes habiendo nacido el mismo día y recibido la misma influencia (Mis mellizos y las I.M.) ¿cómo no va a percatarse  el maestro/a de la desemejanza entre los nacidos en enero y los de diciembre en una clase de infantil? Pero esta es la perversión del sistema.

¿A qué se debe que se mantenga un criterio de agrupación y por tanto de trabajo en grupo tan absurdo?  Sin duda a la asimilación de un discurso que confunde igualdad con equidad.  Y esta sería la segunda idea importante que llamó mi atención.
Retomando el símil de los zapatos, igualdad sería el derecho de todos los niños de 3 años a llevar zapatos. Pero no a calzar todos el número 25, porque probablemente sólo a algunos de ellos les ajustaría esta medida. Algunos necesitarían una talla mayor y otros una menor. La equidad correspondería a conseguir que, en base al derecho a llevar zapatos, cada cual tuviera un par de su talla.

No se trata por tanto de ser iguales. Precisamente lo que distingue a la especie humana es la diferencia, la maravilla de que no haya dos rostros iguales, dos personalidades iguales, dos procesos iguales. La bendición de ser cada uno de nosotros único e irrepetible. Y el reto desafiante de descubrir la propia vocación y poder llegar a ser yo mismo.

Mis dos hijos acaban de iniciar su escolarización en infantil y están juntos en la misma clase. ¿Qué espero de este curso? Que Diego alcance el máximo de su rendimiento desde las posibilidades que le dan sus capacidades poniendo el mejor de sus esfuerzos que le permiten sus 3 años de edad. Y que Rodrigo alcance lo mismo. Y por tanto que los resultados sean totalmente diferentes, porque tienen diferentes capacidades, muy distintas. Pero que cada uno dé lo mejor de sí mismo y alcance su mejor talla de desarrollo posible. Si al final de curso lo que tengo son dos niños exactamente iguales, me preocuparía mucho. Habría sido un fracaso educativo.


No tengamos por tanto miedo a la diferencia. Temamos que cada niño, cada joven o cada adulto no pueda aportar su singularidad a esta historia de la humanidad. Temamos a perder el talento personal y a una estandarización que iguala a todos por debajo, tomando los mínimos como criterio, cuando la grandeza humana está en que todos podemos ser igual de grandes, igual de desarrollados en nuestro ser, es decir, todos en el máximo posible de cada uno.

26/8/2014

TRES PROPUESTAS PARA FORMAR PROFESORES INNOVADORES

Que el mundo de la educación está experimentando un cambio es algo innegable. Depende de adonde dirijas la mirada puede que no se aprecie demasiado esa evolución o que te encuentres con profesionales totalmente inmersos en la transformación de sus centros hacia la actualización del modelo educativo que va a precisar la nueva Generación Z con sus particulares características.

Sin embargo, los denodados esfuerzos, tanto de docentes jóvenes como veteranos, por innovar, así como los riesgos afrontados por muchos directivos al aventurarse en terrenos inexplorados, estimo que deben ser ayudados por una estructura del sistema educativo que facilite la implementación de nuevos métodos, pedagogías  y recursos.

Sin duda se precisa una reforma educativa bien pensada que tenga en cuenta las tendencias innovadoras que se van apuntando. Pero mientras llega hay tres aspectos de la formación del profesorado que estimo se podrían ir mejorando sin demasiado esfuerzo y que apuntalarían la mejora iniciada.

El primero de ellos es mejorar el acceso al grado de magisterio. Que los requisitos sean un poco más exigentes. A nadie le sorprende que la nota de corte para estudiar medicina sea altísima, supongo que porque asumimos que quienes van a tener un día nuestra salud  o incluso vida en sus manos, deben adquirir una formación exigente. Sin embargo a mi sí me preocupa en manos de quién dejo la educación de mis hijos. Predomina la creencia de que educar es una tarea fácil y que cuanto más pequeño es el alumno menos dotes deben exigirse al maestro. Sin embargo, todas las investigaciones sobre el crecimiento psicológico, la maduración y las etapas evolutivas del cerebro apuntan en dirección opuesta. Estamos dejando en manos de los educadores algo tan importante como la salud o la vida, no me parece que pedir que la carrera de magisterio no sea un limbo donde terminan muchos de los bachilleres que no alcanzan la nota para otra carrera, sea algo extravagante.

En la misma línea de la aportación anterior cada vez veo más ventajas en la idea de una carrera universitaria para profesores de secundaria. Hasta ahora los profesores en la ESO son licenciados o graduados en un área concreta que después realizan el complemento pedagógico correspondiente antes al CAP y ahora al master del profesorado. Quienes hemos realizado esa formación sabemos que es totalmente insuficiente y en general desactualizada. ¿Por qué no crear un grado en el que la mitad de asignaturas correspondan a la parte pedagógica y didáctica y la otra mitad a la especialidad que corresponda. ¿Realmente para dar clase de química es necesario tener todo el conocimiento de química de un licenciado? Y la otra cara de la pregunta ¿realmente sólo necesita un master (que incluso se puede hacer a distancia) para poder dar clase? Esta idea sé que precisa de un mayor debate (para eso están los comentarios del blog) pero tampoco me parece que sea difícil de poner en marcha.

Una tercera idea es la que ya el Ministerio a dejado entrever en algún momento de un modelo tipo MIR de prácticas acompañadas. Aunque esta propuesta sí tiene más inconvenientes (sobre todo económicos) en su puesta en funcionamiento, estimo que debe ser una dirección hacia la que apuntar y perder el miedo a hacer intentos (o prototipar, siguiendo el modelo del Design Thinking) hasta que encontremos una fórmula válida. Pero creo que aprender la docencia de manos de un buen mentor en los primeros años es algo deseable y que de esa manera cada aula tenga al menos dos maestros (o incluso tres) haría caminar hacia el “Team-Teaching” mejorando la creatividad y sobre todo los procesos de evaluación.


En definitiva, la idea es valorar de forma real la función de quienes se dedican a la enseñanza, favoreciendo su selección, formación e incorporación a la realidad educativa. Mientras no esté más prestigiada esta profesión poco avanzaremos en la buena dirección, pero  ese prestigio no lo otorgará nadie desde arriba sino que es algo que creo que ya muchos se están ganando con sus buenas prácticas que se hacen cada vez más visibles compartiéndose a través de la Red

17/8/2014

COMMUNITY MANAGER EN LOS COLEGIOS

Se habla mucho de educación 2.0 o incluso 3.0 y es verdad que quienes estamos más activos en las redes descubrimos cada día maravillosas iniciativas que realmente están colocando el mundo educativo en una nueva dimensión, que si prospera, podría dar lugar a una escuela actualizada al presente y comprometida con el futuro.

Sin embargo, no podemos ignorar que hay un tremendo desfase entre unos pocos centros y educadores (cada día más, afortunadamente) que están realmente haciendo una aportación significativa a la innovación educativa y los muchos que se han quedado anclados no sólo en el 1.0 sino posiblemente en el 0.1

Estar en la Red no consiste únicamente en tener una web o un blog, sino en aportar algo que enriquezca construyendo conocimiento. A mi juicio, el modelo de escuela hacia el que caminamos, supone que la escuela no es únicamente un espacio físico donde los alumnos van a aprender sino que lo que hacen esos estudiantes en la escuela repercute de alguna manera en su entorno (barrio, ciudad, comunidad educativa). Ello implica que las puertas del colegio deben estar abiertas. Para entrar y para salir.

Abiertas para que entre todo el que esté interesado en saber lo que están haciendo sus hijos y cómo lo están haciendo. Abiertas a todo el que crea que tiene algo que aportar que enriquezca la educación de esos chicos y chicas. Abiertas a sugerencias de quienes están teniendo éxito en cualquier ámbito que pueda interesar al funcionamiento del centro. Abiertas al barrio para que manifieste las necesidades del contexto social más próximo.

Abiertas, a su vez, para que salga el conocimiento y las iniciativas de los alumnos impactando en las necesidades del entorno social, a través por ejemplo de un voluntariado bien organizado. Abiertas para poder compartir los productos finales del aprendizaje y de esta manera enriquecer el proceso evaluativo haciéndolo  más real. Abiertas para que salga a borbotones la alegría propia de la niñez y la juventud que disfruta de crecer y aprender sanamente.

Y las puertas no son sólo las cancelas apoyadas en sus bisagras que abre el conserje cada mañana, es también el acceso a toda esa realidad que puede ofrecerse a través de la Red. Y en este sentido observo tristemente que el mundo educativo tiene esas puertas clausuradas.
Que un colegio tenga una cuenta en twitter en la que no tuitea a diario, es una puerta cerrada. Una página de Facebook donde sólo se cuelgan fotos de las actuaciones de Navidad y fin de curso de los peques, tampoco es una puerta abierta. Un enlace al blog del profesor de literatura (que es el friki del cole) no descubre la realidad del colegio, sólo la de la clase de literatura.

Pero la madre del cordero es lo que uno se encuentra visitando las webs de los colegios. Durante este verano he visitado cientos de webs de centros concertados y privados de España (sí, cientos) y me quedo espantado de la falta de criterio generalizado que hay para hacer una web.

En muchísimas de ellas es imposible encontrar la dirección postal para saber dónde está dicho colegio o el teléfono de contacto. Se diría que no quieren que nadie les moleste. Y entonces ¿cómo vas a poder saber si te interesa matricular en ese colegio a tus hijos, cómo enviar un material educativo que les pueda servir o sencillamente un currículum si estás buscando trabajo como profesor?

En otras te encuentras un diseño que parece un collage realizado por los niños de infantil. Hay de todo, muchos colores, muchos tipos de letra, pero nada relevante. Todo amontonado en una página de inicio abarrotada y después navegas por las diferentes pestañas encontrando que en muchas no hay nada, literalmente nada.

Están por fin las que se ve que han sido encargadas al enemigo directamente, que les ha hecho muy baratitas las de todos los colegios de la misma titularidad sobre una maqueta cutre y les ha dicho: “ya vais rellenando vosotros los huequitos”.

Considero que la figura del Community Manager en los colegios es una idea no desestimable, o al menos una dirección hacia la que ir apuntando. No se trata de proyectar una marca personal, sino de asegurarse como dije, que las puertas virtuales del centro estén abiertas para entrar y salir. Y eso supone dedicación. Si queremos que los centros educativos sean realmente espacios en la sociedad y para la sociedad, es preciso actualizarse a la nueva cultura en red y trabajar en y desde ella. Resistirse al cambio es uno de los peligros de inadaptación que provoca la extinción de las especies.