26/7/2014

INTELIGENCIA EJECUTIVA

El coaching es ante todo una disciplina que enseña como llevar a cabo los cambios necesarios en cualquier proceso para conseguir objetivos de superación. La clave está en ayudar al coachee o cliente a descubrir qué es lo que tiene que hacer y encontrar en sí mismo la fuerza y la detreminación para llevarlo a cabo.

En el coaching, especialmente cuando se utiliza el método GROW, después de haber formulado con claridad los objetivos, asumir la realidad de la situación tratando de desbloquear las limitaciones y de contemplar las oportunidades, la última fase consiste en establecer la estrategia o el plan de acción. Y es aquí cuando las personas se empiezan a poner nerviosas viendo que la cosa va en serio.



Formular objetivos es algo ilusionante que gusta a todo el mundo, está relacionado con soñar, imaginar, proyectar. Te coloca anímicamente en un estado de esperanza, de utopía. Asumir la realidad del punto en el que estoy, que es la segunda fase del método, también suele gustar, porque contiene ese elemento de autoconocimiento, introspección, que todos deseamos por lo terapéutico de la aceptación de uno mismo. Descubrir las oportunidades, en el tercer paso, es entrar en el maravilloso terreno de la creatividad, y llegado este punto parece que uno es capaz de sentir que alcanza casi con la mano sus objetivos propuestos. Y entonces es cuando el coach pregunta:

- Muy bien ¿cuándo vas a empezar?
- A empezar ¿qué?
- Pues a empezar a desarrollar la estrategia que has ido diseñando para conseguir tu objetivo.
- Ah! Pues no sé.
- ¿Cómo que no sabes? Tú eres quien tiene que poner en marcha el proceso que te haga conseguir tu objetivo. Si ya sabes lo que tienes que hacer ¿Cuándo vas a empezar a hacerlo?
- Vale, pues… la semana que viene.
- Y ¿por qué la semana que viene? ¿Hay algo que te impida empezar esta semana?

Aquí es cuando el interpelado empieza a ponerse rojo y abre los ojos cada vez más semejando sorpresa por la insistencia del coach. Casi se pueden leer sus pensamientos: “pero este tipo ¿qué quiere, que lleve esto a la práctica de verdad?”

Si el coach es bueno, seguirá preguntando cual pescador que ha enganchado su pieza tirando del sedal, hasta que consiga arrancarle un día y una hora a la que empezar, además de un compromiso de perseverancia en su plan de acción.

-       Bueno, pues es verdad, nada me impide empezar esta semana.
-       Entonces esta semana. ¿qué día?
-       Cómo que ¿qué día?  (Esta es la parte que más me gusta, cuando alguien descubre que las semanas tienen días. Que decir que va a hacer algo en una semana es tan inconcreto que en realidad significa que no lo va a hacer)
-       Claro, ¿qué día de la semana?
-       Pues no sé, no lo había pensado.
-       Claro, por eso te lo pregunto. Para que lo pienses y lo decidas.
-       Pues el lunes no puedo porque tengo ocupado la mañana y la tarde y por la noche tenemos un compromiso familiar. Así que el martes.
-       Magnífico, el martes…  ¿a qué hora?  (llegado este punto el sujeto ya se ha dado cuenta de lo que significa concretar y que no le van a dejar en paz hasta que quede claro la hora de comienzo del plan de acción, así que con voz determinada dice la hora)
-       A las 6 de la tarde.
Generalmente el coachee piensa que ya está finalizado el asunto, pero no. El coach insiste con otra batería de preguntas:

-       ¿qué impedimentos podrías encontrar en empezar el martes a las 6?
-       ¿cómo solucionarás esos impedimentos si se presentan?
-       ¿cómo harás para asegurarte que nada te detiene de comenzar tu plan de acción?
-       ¿a qué hora quieres que te llame para que me cuentes que ya has empezado tu plan?
-       ¿cómo harás para perseverar en tus intenciones?

La incomodidad que generan habitualmente estas preguntas demuestra lo poco concretos que somos para llevar a cabo cualquier plan. Pensamos mucho, imaginamos cómo debería ser, pero nos cuesta llevar las cosas a la práctica con determinación. Y este es precisamente uno de los factores de la excelencia en cualquier terreno.

Desde jóvenes, la diferencia entre el buen y el mal estudiante suele decidirse en la determinación en ponerse a estudiar. Quien comienza con “después de comer”, pasa fácilmente a “quería decir después de la siesta”, que se transforma en “cuando termine este programa en la tele” y culmina en “ya mejor mañana…”.

Jose Antonio Marina habla de “inteligencia ejecutiva” refiriéndose a que inteligente no es el que sabe encontrar las soluciones, sino el que conociendo la solución la aplica. Hablamos mucho en educación de inteligencias múltiples, pero no podemos perder de vista que todas ellas precisan de la determinación para ponerlas en práctica de modo que, siguiendo la definición de Howard Gardner de inteligencia, generen productos útiles en una o varias culturas.


Esto es algo que también se educa y que no podemos descuidar en la formación de los estudiantes. Los contenidos del aprendizaje deben ser para su aplicación y el elemento práctico debe cobrar una mayor relevancia en las programaciones hasta que no resulte raro que alguien nos pregunte por las concreciones de nuestras determinaciones.

23/7/2014

EL CUENTO CHINO DE LA INNOVACIÓN EDUCATIVA


En tan sólo un par de años, quienes estamos interesados por el mundo de la educación  y procuramos mantenernos al día  en lo que a novedades, itinerarios, actualizaciones, etc. respecta,  hemos podido comprobar una efervescencia extraordinaria en lo que se está denominando “innovación educativa”.

Bajo el paraguas de este concepto se abrigan las pedagogías emergentes como pueden ser el trabajo cooperativo, la flipped classroom, el modelo de inteligencias múltiples, el aprendizaje por proyectos y otras muchas formas nuevas de trabajar la enseñanza.

Todas ellas tienen en común la recuperación de los elementos didácticos de la educación no-formal y su implementación como originalidad a lo formal. Quienes estamos acostumbrados a trabajar de modo lúdico y disruptivo en educación en la calle, campamentos, colectivos de exclusión social, etc. no llegamos a reconocer mucha más novedad que la de aplicar estas metodologías de siempre en un contexto donde hasta el momento prevalecía la uniformidad, la linealidad, la mesura y la prosopopeya. No nos engañemos, la herramienta no es nueva, lo nuevo es el ámbito de aplicación.

Observo con sorpresa que no hay colegio que de una u otra forma no se haya subido al carro de la innovación. Como es lógico, en mi círculo de amistades predominan los educadores de distintos ámbitos, y entre lo que ellos me cuentan y lo que yo veo por los colegios que visito, me atrevo a afirmar que en este año no he oído hablar de ningún colegio que no haya hecho algún intento de innovación aunque sea de modo humilde y experimental.  Se suma a esta percepción la realidad de que en el último año sólo me solicitan cursos de formación sobre alguna de estas pedagogías emergentes.

Sin embargo, contrasta esta evidencia con la cruda realidad de la, a mi juicio, negligente gestión, exhibida por muchos equipos directivos en sus políticas de contratación (tema ya tratado en otra entrada). En tan sólo una semana he sabido de primera mano (directamente amigos a los que les ha ocurrido) de 5 colegios en los que han prescindido (no renovado el contrato)  de alrededor del 35% del total del claustro, bajo el único criterio de no realizar contratos fijos en previsión de ahorro en caso de  despido por mal funcionamiento o por cierre de líneas ante la falta de alumnos. Todos estos centros tienen no obstante, un elogiado discurso de ovación y ditirambo a los procesos de innovación educativa

Pareciera que algunos gestores estuvieran convencidos de que la excelencia que están alcanzando algunos centros ejemplares en estas disciplinas, se consigue enviando a miembros del claustro a un curso, congreso o taller con los protagonistas de este movimiento renovador, conminándoles  a enseñar lo aprendido a sus camaradas de claustro y esperando resultados en los alumnos en tan solo un trimestre, ignorando que uno de los elementos clave del éxito de estos centros es que llevan 20 años embarcados en estas dinámicas.

Considero insustituible una política de formación de equipos innovadores en el claustro de profesores, si se quieren obtener resultados de calidad, lo cual exige una planificación de estrategias a largo plazo que chocan de frente con la “renovación” continua y anual del profesorado. El constante trasiego de educadores no puede originar actitudes diferentes a las del desapego, la desafección y la falta de implicación en una causa que no merece la pena, puesto que la permanencia en la aventura emprendedora y la continuidad laboral, no están sujetas a la evaluación de resultados de eficacia con el alumnado, sino a criterios económicos ajenos a la labor docente.

El error se agrava al no considerar que son precisamente estos docentes “itinerantes” de colegio en colegio, o incluso los que llevan tiempo parados o buscando su primera oportunidad profesional, quienes están mejor formados en estas disciplinas innovadoras, ya que la realidad laboral les ha obligado a acumular formación en sus curriculums  que no poseen los directores que los contratan y mucho menos los profesores veteranos del claustro que permanecerán inmóviles al cambio amparados en su “intocabilidad”.
Es probable que se esté prescindiendo demasiado alegremente de quienes pueden ser un elemento fundamental a medio-largo plazo en una verdadera innovación educativa, que dé como fruto alumnos preparados para el día de mañana, mientras se acicalan las webs de los colegios con grandes anuncios de prácticas innovadoras y vIdeos de actividades lúdicas de aprendizaje que aún siendo intentos reales y sinceros por parte del profesorado, carecen de un marco eficiente que ampare una verdadera innovación.


El refrán popular dice que “no basta con ser bueno, también hay que parecerlo”, pero en este terreno de la educación parece que se le tenga que dar la vuelta al adagio. No basta parecer innovador, hay que serlo. Porque de otro modo nos convertimos en un fraude para las familias que reclaman una mejor educación para sus hijos. No digo que no sea real ni valorable lo que muchos centros de modo humilde ya están intentando, lo que cuestiono es el exceso de propaganda sobre una realidad que está comenzando pero que todavía no ha llegado a ser. Los viajes de Marco Polo a China también fueron reales, pero su relato en “El libro de las maravillas” eran tan exagerados, fantasiosos y adornados, que dieron origen a la expresión “cuento chino”. Esperemos que no ocurra lo mismo con  este emerger de la innovación y en un plazo no demasiado largo podamos hablar de una realidad de excelencia metodológica implantada en nuestro sistema educativo.


10/7/2014

MIS MELLIZOS Y LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES

            Creo que la primera vez que escuche hablar del modelo de Inteligencias Múltiples aplicado a la educación fue en una charla de Montserrat del Pozo, si no recuerdo mal en el 2009. Allí hizo una afirmación totalmente obvia, para justificar el modelo utilizado en su colegio, y era: “ si ustedes tienen más de un hijo se habrán dado cuenta que no son iguales, a pesar de recibir la misma educación, el mismo ambiente familiar , el mismo colegio”. Por supuesto, todo el público asintió. Y no hace falta tener hijos para constatar esas diferencias. Pero ocurre que cuando no hacemos explícitas las verdades fundamentales, corremos el riesgo de olvidarlas y pasarlas por alto a la hora de actuar.

            En aquel momento yo todavía no tenía hijos. Un par de años después llegaron Rodrigo y Diego, los mellizos. La próxima semana cumplen  los 3 años. En este tiempo he podido constatar que “no son iguales” a pesar de tener quizá mucho  más en común que cualquier otro par de hermanos nacidos distantes en el tiempo.

            En mi caso no es que no sean iguales, es que son como el día y la noche. A Rodrigo le gusta escuchar canciones y bailar, Diego descubre letras y números en las matrículas de los coches, los letreros de las tiendas o en las camisetas de papá. Rodrigo es tremendamente ordenado, todo se tiene que hacer como se hizo anteriormente, no se puede cambiar nada de sitio. Diego es un espíritu libre, que va demostrando mucha imaginación en su inventar juegos con lo que encuentra. A  Rodrigo le encanta probar cosas nuevas de comer sólo porque tenga una forma o color distinto. Diego con la comida es sota, caballo y rey.  Rodrigo se fija en los procesos, cómo se hacen las cosas. Diego se fija en los patrones, similitudes y diferencias.  Ni siquiera les gustan los mismos dibujos animados, ver la tele es un conflicto. Rodrigo se despierta por la mañana con muy malas pulgas y hay que ir suavizándole poco a poco. Diego se despierta con una sonrisa y dice: “Hola soy Diego, ¿quieres jugar a algo?”. Rodrigo es zurdo, Diego es diestro.

Esto implica que todo lo que hago durante el día con ellos debo pensarlo al menos de dos modos distintos. Nuestro rato lúdico-educativo después del desayuno tiene que ir alternando los gustos de ambos. Dependiendo de lo que elijamos hacer, uno de los dos necesita más acompañamiento que otro. A Diego le puedo dejar solo haciendo un puzzle, lo terminará sin ayuda. Rodrigo si no lo hacemos juntos hablando de cada ficha y sus posibilidades, ni siquiera comenzará. Si se trata de dibujar sucede al contrario, Rodrigo corre con sus pinturas a una esquina hace su “obra de arte” y viene a enseñarla orgulloso. Diego me pide que le pinte yo una casita y el rellena con infinitas ventanas. Después de jugar toca hacer las camas, poner la lavadora, limpiar, recoger, etc. Rodrigo se desvive por ayudar, lo cual obviamente ralentiza mi actividad. Diego, definitivamente no tiene vocación de amo de casa. Antes de llegar al parque  pasamos por el mercado a comprar pescado y a Diego le aúpo sobre el mostrador para enseñarle las diferencias entre las lubinas y las doradas, los boquerones y las sardinas. Y a Rodrigo le enseño lo que tiene que pedir y a dar el dinero al pescadero. Ya en el parque, Diego se pone a jugar y acoge con cariño a los demás niños que se le acercan a jugar con él. Rodrigo no espera, se acerca él nada más llegar y se presenta ofreciendo su amistad.

            Nada diferente a cualquier otro padre que tenga dos hijos, supongo. Tratar a cada uno según su forma de ser. Con la peculiaridad de que los dos tienen la misma edad y se aprecian comparativamente más fácil las diferencias.

            El próximo curso comenzarán su aventura escolar. Ingresan en el sistema educativo en la etapa infantil de 3 años y reconozco que me genera cierta inquietud. Porque no podemos ocultar la realidad de que la escolarización todavía en nuestro sistema tiene un alto grado de uniformización, estandarización y clonación. Se sigue trabajando sobre un modelo único de éxito académico basado en la superación de pruebas, que en palabras de Ken Robinson, “sólo miden la capacidad de superar ese tipo de pruebas”.



            El modelo de Inteligencias Múltiples de Howard Gardner defiende principalmente, que todos los niños son inteligentes, pero cada uno lo es a su manera. No existen los “tontos”.  Considero que esto es un gran avance ideológico en el mundo de la educación, por la mirada positiva y esperanzada que proyecta sobre el alumnado y por el respeto absoluto a las diferencias.  Sin duda por ese camino obtendremos mejores resultados en pro de una sociedad más justa e igualitaria.

            Sin embargo esta realidad que es tan evidente de constatar por cualquier progenitor, sin necesidad de estar versado en el truculento orbe de la pedagogía, parece no ser tan manifiesta para los responsables de la implementación de los programas educativos en los colegios, que al oír hablar de nuevos modelos o de pedagogías emergentes, lo perciben como una moda pasajera o como un dilema embarazoso, sin reparar en que cabalmente por lo innato del modelo a la naturaleza humana, su puesta en práctica debería ser altamente asequible.


            Reclamar que el sistema educativo  se adapte al alumnado y no el alumnado al sistema, supone poner a la persona en el centro de la intención pedagógica. No estamos proponiendo una revolución ideológica que ponga todo patas arriba, sino reivindicando la normalidad que se testimonia en la actuación de cualquier padre cabal o cualquier maestro/a ejemplar. Es decir, que la escuela se parezca más a la vida real donde todos somos conscientes de que cada persona es diferente y la tratamos en función de su forma de ser.

1/7/2014

PROFESIONALES PARA UN NUEVO PARADIGMA EDUCATIVO

Cuando hablamos de cambio de paradigma educativo, corremos el riesgo de pensar restrictivamente que se trata de un cambio en cuanto a la metodología, es decir, un cambio pedagógico. Se habla de pedagogías emergentes como el PBL, el aprendizaje cooperativo, la Flipped Classroom o el Design Thinking. Y sin desestimar esta realidad, considero ineludible que no perdamos de vista que ese nuevo paradigma, lo que implica es una nueva visión del concepto escuela o colegio.

Sin duda alguna, la escuela es uno de los elementos fundamentales de la sociedad. Se requiere educar a nuestros niños para que sean los hombres y mujeres que el día de mañana lideren esta sociedad. Pero hay dos formas de entender esta labor. La primera de modo estático, la segunda de modo dinámico.

Una premisa necesaria es no perder de vista que, debido a la falta de conciliación laboral-familiar, un porcentaje muy alto de niños/as comienza su escolarización en el primer año de vida, casi el total a los 3 años. Si añadimos los años de bachiller y la universidad, a la que todavía a pesar de la crisis, también accede un porcentaje alto de alumnos, nos encontramos con personas que han pasado más de 20 años en el sistema educativo, aprendiendo de manera generalmente pasiva, recibiendo contenidos académicos sobre lo que tienen que aportar a la sociedad, pero sin hacerlo de facto.
El colegio es mucho  más que impartir asignaturas. Es un elemento transformador del barrio, de la sociedad. Pero lo será en la medida en que tenga una proyección hacia fuera, que lo redimensione como un lugar no exclusivamente de formación de menores, sino como agente social activo enriquecedor de su entorno.

Trabajando con PBL o Design Thinking, el propio aprendizaje puede enfocarse para que los productos finales a evaluar sean aplicaciones que mejoren el entorno del colegio. Si además, desde el propio centro se hace un análisis de campo de las necesidades del barrio o de la ciudad y se proyectan acciones solidarias a través de procesos de voluntariado por ejemplo, la educación estará siendo realmente práctica.

Esto implica, entre otras cosas, que los profesionales con los que debe contar el centro, cada vez van a precisar de una mayor especialización en este enfoque. Para ello es necesario que dejemos de cometer algunos errores generalizados a la hora de llevar a cabo los procesos de selección.

Observo con pesar, que un criterio que se está generalizando, es el de buscar personas con amplia titulación que puedan cubrir muchos puestos o impartir varias asignaturas (hasta aquí todo bien) pero privilegiando este criterio de manera exagerada sobre la experiencia, la afinidad con el ideario del centro o la capacidad de crear equipos de trabajo efectivos. Obviamente es cuestión de tiempo (muy poco tiempo) que este profesional termine quemado por falta de motivación y exceso de trabajo diversificado. No lo manifestará abiertamente por miedo, pero el resultado último será justamente el contrario al buscado: un menor rendimiento laboral.

Otra pauta reiterada es que a menudo se contratan profesores con un índice de personalidad más bien bajo, personas de perfil pusilánime, con el propósito de evitar problemas relacionales, ya sea con los compañeros o con la autoridad. Pensémoslo de manera detenida. ¿realmente creemos que este es el modo de evitar conflictos?  Los conflictos y los problemas siempre van a aparecer, forman parte de la vida de un organismo. Personalmente, prefiero que me dé problemas un profesor por arriesgado, emprendedor, creativo e innovador  que por achantado, acoquinado y obediente. “Más vale frenar a un loco que empujar a un tonto”. No podemos estimular la creatividad metodológica con personas que prefieren obedecer y callar. La labor de la dirección consiste precisamente en gestionar exitosamente el conflicto, sea de la naturaleza que sea. El temor a no saber desempeñar exitosamente su rol de autoridad no puede ser evitado a través de elegir personas que no la cuestionen. 

Un último criterio de selección equivocado estimo que es la falta de valor para prescindir de quien realmente lo está haciendo mal y generando lastre al centro, habitualmente por lo caro de un despido. En el otro extremo encontramos  el desparpajo con el que se prescinde de personas válidas o potencialmente valiosas con el único objeto preventivo de no hacer contratos fijos. El coste del despido no puede establecerse como criterio de selección. Nuevamente este tipo de decisiones manifiestan inseguridad en las decisiones tomadas y exceso de prevención por miedo al error.

Desde una perspectiva de liderazgo efectivo, la selección de personal debería estar en función de la configuración de equipos de trabajo funcionales en pro de objetivos de excelencia previamente formulados. El simple relleno de huecos bajo el criterio de ganga (profesores multiuso, baratos y fáciles de usar) es un error que se paga.

Se precisa a mi juicio, una mentalidad abierta por parte de los responsables correspondientes, para visualizar que no se trata sólo de profesores, en cuanto personas que impartan clase de cada asignatura oficial, lo que el colegio necesita, sino un apropiado equipo multidisciplinar  que realice cometidos diversos, no siempre de carácter estrictamente docente, aunque sí educativo.

Si coincidimos que cambio de paradigma significa cambio de visión, urge que en ella visualicemos la inversión en profesionales que hasta el momento sólo de modo eventual aparecen por el centro.

Inversión por tanto en profesionales de la animación sociocultural que ayuden a la interacción con el entorno del centro desde la perspectiva no-formal, formen en voluntariado y creen escuela de monitores entre los alumnos. Inversión en equipos de orientación polifacéticos experimentados en Inteligencia Emocional y  todo lo relacionado con la neuropedagogía. Inversión en expertos en la implementación de pedagogías emergentes que puedan trabajar como tales sin que sea esta una tarea que se encomienda a un profesor, cargándole con más peso del que puede. Inversión en personas cuya tarea sea la de establecer esos vínculos de la escuela con el barrio. Gente conocedora de ambas realidades y con la habilidad de establecer este tipo de simbiosis.


Continuar cargando este tipo de funciones a los profesores y esperar además que dé resultado, como si la labor de preparar y dar clases no fuera suficientemente ardua, considero que es moverse en el viejo paradigma. Por ello hablo de inversión y no de gasto. La mirada debe estar puesta en los alumnos y lo que puedo ofrecerles, no en el bolsillo y lo que me va a costar, porque “si crees que la excelencia es cara, espera que te llegue la factura por la mediocridad”.